Años 30 (VIII): Labores de retaguardia

 

Un Tupolev SB-2M-100 da una pasada a baja altura sobre Tablada. Aunque se trata de un ejemplar capturado y con insignias franquistas, su visión sobre el aeródromo sevillano debía resultar algo inquietante. La Sección Técnica del Parque Regional Sur se encargó de reparar y evaluar los primeros ejemplares de este veloz bimotor soviético caídos en manos de sus enemigos. Foto: SHYCEA.

 

Un Fiat CR-32 es puesto a punto en una caseta improvisada junto al puente de San Juan de Aznalfarache. Los bombardeos republicanos de octubre de 1936 obligaron a montar patrullas en vuelo de estos cazas para intentar interceptar a los atiuskas. Foto: SHYCEA.

 

Un CR-32 de la Escuadrilla legionaria “La Cucaracha” a su recepción por el Parque Regional Sur, en evidente mal estado. Estos aviones serían reparados o reconstruidos también por La Hispano suiza, recién instalada para ello en Triana. Foto: SHYCEA.

 

Pruebas balísticas realizadas sobre los “muñecos” protectores de los Fiat CR-32. Además de modificarse su diseño, en algunos de estos blindajes se instaló una variante “espaciada” creada en Tablada. Foto: SHYCEA.

 

Cazas Fiat CR-32 delante de uno de los hangares sevillanos donde eran reparados. Al fondo, en el lado izquierdo de la fotografía, se aprecian las obras de uno de los refugios antiaéreos construidos para la protección del personal del Parque y la Base. Foto: SHYCEA.

 

Uno de los primeros cazas soviéticos I-15 “Chato” capturados por los “nacionalistas”, en Tablada. La foto permite apreciar una fila de Fiat CR-32 en distintos acabados —uno de ellos todavía luce el metalizado inicial— y en el extremo de la izquierda lo que parece ser un Aero 101 checo. Foto: SHYCEA.

Revistas Relacionadas: 
1 Abril 2010

A medida que se intensifica la guerra, la actividad aérea en los aeródromos andaluces crece o disminuye en paralelo con las vicisitudes bélicas. Sevilla y Cádiz, tras servir de bases iniciales para la aviación de franco, pasarán a convertirse en importantes apoyos logísticos, especialmente la primera, en la que Tablada se transformaría en la más importante Maestranza de la zona sublevada

Con ser importante la baza estratégica que representó para los partidarios de Franco la posesión de Tablada, fue quizás de la misma o mayor importancia que en la Base Aérea se encontraran los mejores talleres aeronáuticos de la zona meridional de la península, el Parque Regional del Sur. Estos talleres, que ya se encargaban del mantenimiento y reparación —y hasta de la construcción de algún prototipo, como la avioneta cuatriplaza Gil Pazó P-IV— del material en servicio con las unidades de la zona, se convirtieron pronto en el centro de apoyo logístico más importante de la Aviación nacional, sirviendo para la recepción, montaje y puesta en vuelo de cuantas aeronaves llegaron procedentes de los países que ayudaron a los sublevados y al mantenimiento, reparación y hasta reconstrucción de las dañadas en combate o accidentadas.

Establecidos en 1921 e inicialmente conocidos como Talleres del Aeródromo de Tablada, el Parque Regional Sur abarcaba en la fecha de su inauguración, un grupo de edificaciones que comprendían el parque y los talleres, agrupados dentro de un cerramiento que los aislaba por completo y que incluía un depósito subterráneo para bombas, parque especial con depósitos Berger para gasolina y aceite con capacidad para un millón de litros de la primera y doscientos mil del segundo; el parque de aeronaves con un gran hangar-taller que servía como nave de montaje y almacenes para los diversos repuestos. Una entrada única desde el exterior con carretera y ramal de vía férrea y una salida, también única, permitían el fácil control y revisión de los materiales y el personal. El gran hangar-taller era una notable obra de ingeniería, con una luz —altura sobre el suelo— de 32,5 m y 50 m de fondo y estaba formado —aún se conserva, como la mayoría de las edificaciones originales— por arcos atirantados de hormigón armado, con altura en clave de 17 m, formándose la cubierta por un sistema mixto de hormigón y ladrillo armado.

Esta enorme obra se construyó montando el encofrado completo y elevando con ascensores el hormigón a medida que se batía, con la mejor tecnología disponible en la época. A esta gran nave podían acceder las aeronaves directamente desde el campo de vuelo por una puerta de 8 m de altura, que se cerraba por medio de hojas que se plegaban a los costados en abanico, siendo posible el movimiento de cada trozo a mano por un sólo hombre mediante una guía por carriles. En el interior, los elementos de avión podían montarse por grúas eléctricas para pasar a ser reparados a otras dos naves laterales de 12 m de luz, en las que se instaló la maquinaria más moderna del momento para el trabajo en metal, madera y revestimiento textil.

Una tarea fundamental

Al iniciarse el conflicto y quedar Sevilla en poder de los sublevados, el Parque Regional Sur hubo de aumentar febrilmente su actividad, no sólo para incorporar cuanta aeronave pudiera ser útil al esfuerzo de guerra, sino también para mantener en perfecto estado las escasas unidades de las que se disponía.

Un esfuerzo que llevó a aumentar rápidamente el personal disponible, que pasó casi a triplicarse en pocos meses, obligando en muchos casos a instruir sobre la marcha al mismo que, en muchas ocasiones y, aunque hábiles como carpinteros, metalistas o mecánicos, se enfrentaban por vez primera a la estructura de un avión o a un motor de aviación. Muchos de ellos eran voluntarios y a veces hasta procedían del frente, de donde hubo que retirarlos pues sus servicios eran más necesarios. Así se logró cubrir en número, pero no en eficacia, las necesidades del Parque, con obreros de fábricas militares, talleres mecánicos civiles y hasta con personal todavía en periodo de aprendizaje en las Escuelas de Artes y Oficios.

La llegada del material italiano, los trimotores Savoia SM 81 y los biplanos de caza Fiat CR-32 no fue excesivamente traumática, en primer lugar porque en las tripulaciones de los primeros SM-81 se incluía, junto a un suboficial mecánico, un montador. En el caso de los CR-32, con los primeros aviones, desembarcados en Melilla en la noche del 13 de agosto, llegaron, además de doce aviones (la cifra más aceptada, aunque a la vista de algunos testimonios fotográficos, debieron ser bastantes más) pilotos, tres mecánicos, tres montadores y dos armeros.

Estos primeros técnicos italianos se harían cargo de la dirección del montaje de los cazas y posteriormente su número aumentaría. Desde el principio, la Base de Tablada se convertiría en el centro logístico principal de la Aviación Legionaria que es como oficialmente quedó denominado el cuerpo aéreo expedicionario italiano, a efectos de legalidad internacional, recibiendo sus componentes documentación que les identificaba como “aviadores del Tercio”.

Luego el material italiano incluiría cazas Fiat G-50, Fiat BR-20, Romeo 37 y Ro 41, Savoia SM-79, Caproni AP-1 “Apio” y Ca-310 y algún otro. Igual había sucedido ya con el material de procedencia alemana, aunque en ocasiones, especialmente cuando se trataba de prototipos secretos —y por Tablada pasaron entre otros los del Ju-87 “Stuka”, Messerschmitt Bf-109, Heinkel He-111 y He-112, Henschel Hs-123 y otros—, se ocupaban de ellos exclusivamente los técnicos y mecánicos alemanes, muchos de ellos civiles empleados por las casas constructoras.

Al principio, todos los aviones alemanes eran montados y puestos en vuelo en Tablada, pero con posterioridad, tras formarse la Legión Cóndor y alejarse los frentes, esta unidad estableció su propio parque logístico en León, pero por Tablada pasaron y se siguieron reparando y manteniendo los Arado Ar-66, Heinkel He-45 “Pava” y He 46 “Pavo”, los He-70 “Rayo”, los Dornier Do-17 “Bacalao”, Henschel Hs 123 “Angelito” y Hs 126, los Junkers Ju-52/3m y Ju-86 “Fumo” —este último con la particularidad de ser sus motores de tipo diésel—, las avionetas Bucker Bu-131 y 133, Messerschmitt Bf108 “Taifun” y otros muchos, tanto para equipar las unidades de la Legión Cóndor como para las de personal español.

También muchos de los aviones republicanos capturados pasaron por el Parque Regional para ser evaluados —como en el caso de los Polikarpov I-15 e I-16 o el bombardero Tupolev SB “Katiuska”— o para ser reparados y puestos en vuelo para ser encuadrados en la Aviación propia. Aviones como los Aero 101 “Praga”, Vultee V1, Lockheed Electra, Douglas DC-2, northop Delta y Fairchild, también pasaron por las manos expertas de los mecánicos y especialistas de Tablada.

Tablada, bombardeada

Aunque Tablada ya había sido bombardeada ya el mismo día 19 de julio, tan pronto como la base queda en manos de los sublevados, y lo sería en varias otras ocasiones —el 20 de julio y los días 7 y 22 de agosto— durante el verano sangriento de 1936, con escasos resultados dada la poca entidad de los ataques, en el otoño de ese año aparece una amenaza más seria. El mes de septiembre y gran parte de octubre pasan sin que la base sevillana sufra nuevos raids aéreos gracias, muy probablemente a la acción de los cazas alemanes e italianos, que a veces se desplazan a Córdoba, que sí sufre bombardeos republicanos. Pero el 28 de octubre, aparecen repentinamente tres bombarderos muy veloces de nuevo tipo que escapan a los Fiat de patrulla y alerta.

Esta vez los daños son serios —las bombas alcanzan varios de los hangares del aeródromo, que resultan medio derruidos, y se anotan la destrucción de cinco trimotores Junkers, según el parte republicano, aunque como es tradicional, en la versión contraria todas cayeron en el centro del campo, sin causar más que molestias. Sea como fuere la alarma causada por esta irrupción es seria porque los nuevos aviones, de origen “ruso”, han atacado también el aeródromo de Cáceres y el de Armilla (Granada); peor aún, al día siguiente los “Martin Bomberg”1 hacen su aparición en el frente, sobre la zona de Seseña-Esquivias-Illescas en la que las fuerzas republicanas llevan a cabo un serio contraataque contra las columnas que suben hacia Madrid desde el Sur. Y en esas misiones los Tupolev SB-2 “Katiuskas” —la verdadera identidad de los supuestos “aviones americanos copiados por los rusos”— demuestran claramente que superan en velocidad a los cazas Fiat CR-32 (2), los más rápidos con que cuentan los sublevados. Aunque una patrulla de estos cazas, formada por Salas y los italianos Buffali y Terenzi consigue, sobre Valdemorillo, superar mucho en altura a cuatro de los bimotores y, en picado, el español los ametralla hasta agotar la munición dejando a uno de ellos retrasado de la formación, probablemente alcanzado. Según las fuentes “nacionales”, el bombardero cayó “tras las líneas rojas”, pero la realidad es que los cuatro aviones republicanos participantes en la acción regresaron a su base de Tomelloso.

El día 30, los SB-2 vuelven a atacar Tablada, obligando a tomar medidas contra estas incursiones. Además de la batería antiaérea de Flak 18 de 8,8 cm que se había instalado en septiembre en la base sevillana, a las órdenes del hauptmann Herman Aldinger, se establecieron patrullas de vigilancia de Fiat en vuelo y se inició la construcción de siete refugios antiaéreos con capacidad total para 250 personas. Tablada sería bombardeada después de eso los días 1 de julio de 1937 y 23 de enero de 1938.

Una labor inestimable

Puede afirmarse, sin demasiado temor a la exageración, que el Parque Regional Sur y la Base Aérea de Tablada fueron una contribución vital al esfuerzo bélico del bando sublevado. En los talleres, que dirigía el comandante Modesto Aguilera, no se descansa un minuto y en ellos se consiguen a veces verdaderos milagros: los aviones llegan del frente verdaderamente castigados y en muy escaso tiempo, siempre luchando contra la escasez de repuestos y componentes que muchas veces hay que refabricar, vuelven a ponerse en vuelo.

A veces hasta mejorados: el caza Fiat CR-32 saldrá de Tablada con su “muñeco” de protección mejorado por los especialistas del Parque, que diseñan un tipo especial con “blindaje espaciado” —un invento que tardará muchos años en reaparecer— y con otros detalles de mejora. Un trabajo muy complejo es el que ocasionaba la reparación del radiador frontal de este aparentemente sencillo caza, muy vulnerable al fuego enemigo por su posición. Toda esta actividad y profesionalidad ocasionará más de una vez la expresa felicitación del mando, desde la del comandante García Morato, en emotiva carta desde el Frente de Aragón, en marzo de 1938, a las del propio general Franco en diversos telegramas desde su Cuartel General.

Se distinguen en su trabajo los capitanes Micheo, Urioste, Gil Delgado, Pazó, Becerril y Díaz Rodríguez; los tenientes Pons, Haya y Miraver; el alférez del Valle; los sargentos Blanco, Galeano, Rodríguez Jara, Sisquella y Vimet y los especialistas y armeros Burgos, Coco, Cueto, Gener, Gordillo, Jorquera, López Martín, López Quiroga, Magaña, Marín Villaverde, Mora López, Paz y Platero.

 

 

 

NOTAS:

1
 El Tupolev ANT-40 o SB (Skorostnoi Bombardirovshchik, bombardero de alta velocidad) fue denominado en España como “Katiuska” por las fuerzas aéreas republicanas, pero se le conoció entre sus enemigos como Martin Bomber —que muchos escribían como “Bomberg” (')— por el bimotor norteamericano Martin 123 o XB-10 o el Martin 139 o YB-10, del que CASA había negociado su fabricación con licencia poco antes del estallido de la guerra. El avión soviético, a pesar de su muy distinta apariencia, fue considerado, como era habitual en Occidente, donde se desconocía por completo la industria aeronáutica de la URSS, como una mera copia —con o sin licencia, eso daba igual— del bombardero americano. El Servicio de Antiaeronáutica del bando “nacional”  lo denominó preferentemente “S.B. 2. Sofía”. En  realidad se trató siempre de SB-2M-100 según su denominación oficial de la VVS.


2
 Según el análisis que la Sección Técnica-Control del Parque Regional Sur hizo en mayo de 1938 al primer ejemplar capturado y puesto en vuelo, la velocidad máxima del SB era de 410 km/h a 4.500 m con una carga bélica de 550 kg y un radio de acción de 1.750 km, características muy superiores a los tipos similares en combate.